Según la Ley de caza en vigor los cotos de caza deben de invertir el 25% de sus ingresos en la mejora de las especies animales y sus hábitats.
El Coto Valdorba nunca ha invertido ni un solo euro y nadie se lo ha exigido durante 27 años de actividad.
Forzado por la presión de quienes nos oponemos al coto, Juan Campos, su responsable, quiere colar como una inversión lo que en realidad es una venta. Es decir, pretende que la suelta de aves cinegéticas de granja, que libera previo encargo y pago por parte de sus clientes, sea considerada como una inversión.
Toda la bibliografía científica existente sobre la liberación masiva de aves cinegéticas de granja coincide en lo pernicioso de estas sueltas para las especies silvestres (en 2011 se soltaron en el Coto Valdorba casi 35000 aves).
Que lo que es una venta se considere inversión y que lo que es perjudicial se considere una mejora es un argumento delirante, pero comprensible viniendo de quien viene: El propio Coto Valdorba.
Lo que es una auténtica vergüenza que raya la prevaricación es que el Departamento de Medio Ambiente avale y respalde este argumento interesado con una Resolución que es un auténtico ejercicio de cinismo.
Lo que todavía es más incomprensible es que un socio de Gorosti, Jokin Larumbe, Jefe de la Sección de Hábitats, apoye y justifique a sus colegas responsables de dicha Resolución. Parece que el corporativismo no conoce límites ni tiene conciencia.
Las cifras de este fraude son de escándalo ya que, si consideramos los últimos 20 años, podríamos estimar la cantidad de un millón de euros que se deberían haber invertido en “la mejora de las especies animales y sus hábitats” tal y como la Ley exige.
El declive hasta la desaparición total de unas excelentes poblaciones de milano real y milano negro en la zona del coto, entre otras afecciones, debería ser motivo más que suficiente para su clausura.