Domingo, 14 de enero de 2021. 17:50. En los caballos de Goñi.
Aprovechando la buena tarde llego con la bici y allí, en el mismo sitio donde hace unos días se pudo observar a placer una cigüeña negra, y junto a la garcilla bueyera que lleva días, está posada en el suelo, y aliméntadose, la cigüeña blanca que hace pocos días fue desalojada de su nido, sin alternativa. Un alegrón. Intento una foto con el móvil pero está muy oscuro... No va a quedar bien. Trato de sacar la cámara de la alforja y prepararla, la cigüeña se levanta, ciclea un par de veces, se dirige a la torre donde solía tener el nido, intenta posarse entre los pinchos... el subidón se convierte en una mezcla de tristeza, indignación y rabia. Quizá un exceso de sentimentalismo, pero a estas alturas prefiero ese sentimentalismo a la desidia, la falta de compromiso y sensibilidad o, sencillamente, la pachorra.
La cigüeña blanca sigue volando y hace varias vueltas sobre el Arga. Finalmente, vuelve sobre el prado y lo cruza hasta encontrar un posadero en unos pinos. Allí se arregla haciendo equilibrios sobre la rama donde se ha posado, algo balanceada por el cierzo del atardecer... De allí me mira y yo a ella, como preguntándonos, ¿Mi nido? ¿Cuándo se va a reponer para tratar de buscar una pareja e iniciar la reproducción?
Allí queda en su posadero,... esperando.
Continúo mi paseo con la bici aguas arriba del Arga preguntándome si las cigüeñas blancas son más responsables que los humanos. La tarde se agota y se enfanga de oscuridad y tristeza, tristeza de cigüeña, tristeza humana. |