El otoño pasado, bajando de Aralar me encontré con éste coleóptero de la familia carabidae al que todavía no he puesto el apellido. Son bichos de hábitos nocturnos, se mueven muy deprisa, por tanto no es fácil hacerles una buena foto que te permita luego identificarlos correctamente, así que lo cogí. Al segundo de tenerlo sujeto entre los dedos noté un olor fuerte, pestilente, muy desagradable que no me pude quitar de encima hasta que llegué a casa y me lavé las manos con jabón. He leído por aquí que no se debe molestar a los animales para sacarles fotos, pero hay que reconocer que a veces una descubre curiosos mecanismos de defensa que de otra forma no sería posible.