Autor Tema: Cueva de los moros, Navascués  (Leído 660 veces)

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Cueva de los moros, Navascués
« en: Diciembre 16, 2013, 07:19:38 pm »
visitada el 2013-08-03
otra cueva abandonada, fácil de ver
con restos de los "hombres de las cavernas"

os pongo un trabajo sobre la excavación
www.navarra.es/appsext/bnd/GN_Ficheros_PDF_Binadi.aspx?Fichero.

Prospecciones arqueológicas en término de Navascués
Cueva de los Moros de la Foz de Navascués
La cueva de este nombre, cuyo descubrimiento arqueológico
se debe a don Amadeo Marco, se abre a unos 25 metros de altitud
en la empinada ladera derecha del torrente de la Foz. La boca
de la cueva en forma de ojiva desplomada, aparece casi completamente
colmada. Su entrada es difícil y penosa. Además, la
mitad izquierda del vano aparece cerrada en época incierta, pero
que creemos bastante antigua, por un monolito vertical en el
centro y pared de piedra seca en el sector izquierdo dejando sólo
un paso angosto junto a la pared derecha de la cueva.
Se trata de una cueva con larguísimo desarrollo de típica
surgencia, que interesará sin duda a los espeleólogos que deDerán
levantar su plano completo. El recorrido interior está constituido
por una galería general que forma diversas cámaras
comunicadas por pasos difíciles, amplios recodos que parecen
responder a verdaderos meandros y desarrollo de pequeños absidiolos
e intento de galerías laterales en algún sector. Una sima
de más de 18 metros, mediada la cueva, ha fosilizado probablemente
ya en el Cuaternario su mitad delantera, que tiene personalidad
propia y constituye una rápida pendiente hacia el interior,
en parte colmada con fina arena blanca procedente de la
desintegración del techo y paredes calizas. La parte interior de
la cueva aparece aún activa, aunque en nuestra visita sólo pudimos
comprobar la presencia de grandes charcos que excavaban
fuertes resaltes como peldaños, en el tramo inicial de la cueva.
La gran sequía de los últimos años, con nivaciones escasas, explican
satisfactoriamente la rápida regresión de la surgencia
incluso en el primer tramo.
Todo el macizo calizo de la Foz, posee un desarrollo cárstico
extraordinario, y es posible aun que el trazado de la cueva sea
el resultado del encuentro de dos surgencias inversas. Los dos
tramos bien diferenciados de la cueva aparecen comunicados por
un pequeño portillo elevado más de un metro sobre el nivel actual
que no es producto de una reconstrucción estalagmítica. A
los geólogos corresponde en todo caso una interpretación más
precisa.
Desde el punto de vista arqueológico, al parecer sólo presenta
interés el primer sector de la cueva, aunque falta un reco288
Prospecciones arqueológicas en término de Navascués
nocimiento completo de la galería interior y en particular de las
paredes, por si existieran pinturas o grabados cuaternarios.
Este primer tramo tiene una longitud de unos 62 metros.
A lo largo de todo este recorrido desde los pocos metros de
la entrada aparecen en cantidad extraordinaria los restos humanos,
todos completamente revueltos, sin conexión entre sí y
en la casi totalidad de los casos rotos modernamente. Ante esta
primera observación, realizada una encuesta entre los conocedores
de la cueva, obtuvimos la confirmación de que en numerosas
ocasiones se habían extraído huesos, incluso cráneos enteros en
número que variaba en cada informante y que desgraciadamente
no se habían conservado. Entre el número de visitantes destaquemos
la de un grupo de extranjeros, lo que se confirma por
la existencia en el Museo de Toulouse, de huesos humanos y
fragmentos cerámicos procedentes de esta cueva, según nos informa
amablemente don José Miguel de Barandiarán. A pesar
de ello la cueva debe considerarse como inédita, pues no figura
tampoco en los últimos trabajos de síntesis pirenaicas.
Ante la imposibilidad de excavar totalmente una galería de
más de sesenta metros nuestra prospección se ha limitado a los
siguientes objetivos: a) determinar el verdadero carácter de
esta cueva sepulcral, y b) obtener alguna precisión cronológica
que permita la filiación arqueológica del yacimiento.
En relación al primer punto, nuestras excavaciones en once
catas distintas efectuadas a lo largo de la galería en los lugares
que nos parecieron más idóneos, muestran un resultado concorde.
No se trata de verdaderos enterramientos, sino de restos
humanos arrastrados por las aguas desde el sector inicial de la
cueva, en el que seguramente eran depositados simplemente los
cadáveres sin enterrar o sólo recubiertos por una débil capa de
arena.
En efecto, los restos humanos aparecen siempre totalmente
mezclados con la arena en los cuarenta centímetros superficiales
y de modo excepcional hasta los sesenta en algún rincón donde
remansaban las aguas. Los huesos a su vez aparecen completamente
sueltos hasta el punto de que en una de las catas efectuadas,
cuando a veintisiete centímetros de profundidad apareció
un frontal que nos hacía creer en la existencia de una verdadera
inhumación, se halló sólo este hueso sin ningún otro del cráneo
o del correspondiente esqueleto. La misma observación hicimos
J. Maluquer de Motes 289
en otros sectores con huesos de las caderas, etc. A mayor abundamiento,
los huesos superficiales son particularmente numerosos
en los recodos cóncavos de las paredes laterales de la cueva
en los que se halla una mayor acumulación de piedras que detuvieron
el arrastre de los huesos.
No puede aceptarse la idea de la destrucción parcial de los
huesos, por la misma naturaleza del suelo, que por el contrario,
contribuyó poderosamente a su recalcificación y buena prueba
de ello es el estado de los que se conservan.
Todo ello nos reafirma en la creencia de que se trata de una
verdadera cripta sepulcral, cuyo hueco de entrada, en parte cerrado
con pared como se ha indicado, se completaría por una
losa de cierre. Aunque hasta ahora no se ha señalado este tipo
de criptas sepulcrales en este sector de Navarra, ello no constituye
novedad alguna en el ámbito pirenaico y pueden señalarse
paralelos bien conocidos en el Pirineo catalán y francés.
El segundo problema que nos planteábamos, es el de estacercer
la cronología de las inhumaciones, es decir, obtener la
recta valoración del yacimiento. Desde este punto de vista los
resultados obtenidos son muy pobres, pero suficientemente expresivos,
se trata de fragmentos de cerámica, alguna lasca de
sílex y un punzón de hueso. Estos materiales fueron recogidos
en circunstancias análogas a los restos humanos, es decir, en
parte superficialmente y en los cribados de las distintas catas
realizadas. Puede señalarse un hecho análogo al que indicamos
para la presencia de huesos. Sólo se recoge cerámica en los cuarenta
centímetros superficiales, extendiéndose bajo esta profundidad
la potente capa de arena absolutamente estéril, y ello a
lo largo de los sesenta y dos metros iniciales de la cueva. Esta
observación viene a confirmar de nuevo, el carácter de arrastre
del yacimiento, con la particularidad de que dicho arrastre no se
efectuó de una sola vez, sino de modo lento, a pequeñas etapas
durante la larga época de utilización de la cueva y épocas posteriores.
La cerámica recogida, que se guarda en el Museo de Navarra,
pertenece a dos grupos distintos. Uno de cerámica gruesa
y tosca, con barro que contiene numerosas impurezas, perteneciente
a vasos grandes y medianos, de base plana y paredes
rectas o abiertas hacia el exterior. Es de superficie rugosa, fabricada
a mano y sin decoración o con cordones y trenzas de
290 Prospecciones arqueológicas en término de Navascués
barro pegados sobre la superficie del vaso. Su coloración puede
ser parda, negruzca o rojiza.
Otro tipo de cerámica, más fina, de coloración oscura y paredes
convexas, tiene la superficie alisada y espatulada, y se
presenta sin decorar o a lo sumo con pequeños tetones simples
o dobles cerca de los bordes. Fabricada a mano es de pasta cribada
y cocción muy buena.
Ambos tipos tienen sus exactos paralelos en cerámicas prehistóricas
de cuevas catalanas y aragonesas, en particular el
famoso grupo de cuevas de la provincia de Lérida (Cueva de
Joan d'Os, de Tartareu, El Foric, Colomera, Toralla, Llenes, etcétera
(2).
Aparte de la cerámica el único material obtenido es un punzón
constituido por un hueso plano y aguzado por frotamiento,
al que pueden señalarse numerosos paralelos pirenaicos. (Un
punzón idéntico hallamos nosotros en el estrato F de la cueva
de Toralla (3).
De sílex apareció únicamente una lasca con filo dentado
semejante a las sierras de sílex de los talleres al aire libre alto
aragoneses, en particular a las piezas de Plana de Molino Alto,
Val de Moce y La Pesa (Luesia, Zaragoza) publicadas en esta
misma revista (4).
Aunque escasos estos materiales, nos sugiren una etapa de
utilización de la cueva durante la Edad del Bronce pirenaica,
y dentro de ella más bien correspondiente a la etapa inicial. Nos
inclinamos por consiguiente a creerla utilizada paralelamente a
la etapa dolménica.
Aparte de la utilización sepulcral de la cueva, es posible
que en una etapa anterior, neolítica final, hubiera constituido
un lugar de refugio o vivienda. En una cata transversal efectuada
a cuatro metros de la entrada con una superficie de 3,25
por 0,60 metros y con una profundidad de l,51 metros, pudo
observarse (véase la figura 1) que a 0,38 metros de profundidad
aparecía un piso de hogar arqueológicamente estéril. A 0,58 me-
(2) J. MALUQUER DE MOTES, La provincia de Lérida durante el neolítico,
Bronce y primera Edad del Hierro. Rev. Ilerda. Lérida 1945 con la bibliografía anterior.
(3) J. MALUQUER DE MOTES. Investigaciones arqueológicas en el Pallars. I.
La cueva de Toralla. Zaragoza 1949. ID. La estratigrafía arqueológica de la cueva
de Toralla. Rev. Ampurias VI. Barcelona 1944, 39.
(4) J. MALUQUER DE MOTES. Los talleres de sílex al aire libre del Norte
de Aragón. Rev. Príncipe de Viana, LVIII. Pamplona 1955.
J. Maluquer de Motes 291
tros se observó una capa de ceniza uniforme que en el centro
de la cata alcanzaba una potencia de 0,28 metros y se adelgazaba
en sus extremos. Más profundo aun, otro piso de hogar con restos
de carbones y cenizas, con una potencia de 0'04 metros y luego
hasta 1,51 metros, que se profundizó únicamente arena blanca
totalmente estéril.
Fig. 1.—Corte estratigráfico transversal de la cueva de los Moros de Navascués,
efectuado a seis metros de la entrada. A 1/30 aprox.
Aunque en esta cata arqueológica no apareció ni un sólo
objeto, las formaciones de hogares y cenizas son suficientes para
asegurar la utilización de la entrada de la cueva como lugar de
vivienda, por lo menos en tres etapas separadas por épocas de
abandono, y todas ellas de un modo categórico antes de la transformación
de la cueva en cripta sepulcral y de su cierre con la
aludida pared. La época de estos hogares es incierta, probablemente
neolítica, pero en todo caso anterior a la Edad del Bronce.
« Última modificación: Diciembre 16, 2013, 07:24:51 pm por pantxozuazu »